Extracción del veneno de la mamba negra (Den-droaspis polylepis).

¿Cuál es tu campo de trabajo en el IBV?
Nosotros trabajamos con venenos de serpiente para entender su composición y las
actividades de sus toxinas y, de manera más aplicada, la interacción que tienen los venenos de importancia médica con los antivenenos que se producen para el tratamiento
de los accidentes ofídicos en países y regiones donde tienen una gran afección, como
pueden ser África, India y gran parte de los países de renta más baja de Asia y Latinoamérica.
En el Laboratorio de Venómica Evolutiva y Traslacional del IBV también tenemos un
contacto muy cercano con la Organización Mundial de la Salud y con una organización
no gubernamental sin ánimo de lucro que se llama Global Snakebite Initiative; y junto
con ellos pretendemos analizar todos los antivenenos que hay en el mercado en un
esfuerzo de precalificación para ver su grado de utilidad. Como el mercado no está
regulado, se encuentran muchos productos que no tienen la efectividad que deberían
tener.
Estabas en Kenia cuando se declaró el estado de alarma; ¿qué hacías allí?
Me desplacé a Kenia porque dentro del
proyecto de los antivenenos tenemos un
contacto muy bueno con una granja de
serpientes, Bio-Ken, en Watamu, que
nos va a proveer de todos los venenos
que necesitamos para un proyecto que
hemos solicitado a la Wellcome Trust y
en el que vamos a trabajar en la caracterización de los antivenenos para África.
También queremos estudiar las bases
moleculares y estructurales de los venenos que nos permitan proponer una mejora de los productos que hay en el mercado.
Yo estaba en Watamu con otros responsables de la Global Snakebite Initiative extrayendo los venenos de las serpientes y preparándolos para traérmelos a España.
¿Cuándo llegaste a Kenia?
Yo salí de Valencia el 13 de marzo, y tenía prevista mi vuelta para el día 28, dos semanas después. Mi viaje iba a ser de Watamu a Nairobi, y de ahí a Madrid.
¿Tuviste algún problema durante el viaje de ida?
La ida fue normal. Al llegar a Kenia había algunos controles policiales en la calle, y recomendaban que la gente se quedase en casa, pero dada la baja incidencia de casos de
COVID-19 que tenían en Kenia, las calles se veían con el ambiente normal de cualquier día.
¿Y a la vuelta?
Debía ser sobre el 20 de marzo cuando Kenia anunció de repente que iba a cerrar el
espacio aéreo. Yo ya estaba consultando antes con mi aerolínea si mi billete seguía
vigente. A partir del 23 se empezaron a cancelar vuelos y me quedó claro que no iba a
poder volar el día 28 como tenía previsto, así que empecé a buscar otras posibilidades
para regresar. Al final encontré una posibilidad que iba de Watamu a Nairobi, luego a
Addis Abeba, después a Londres y de allí directo a Valencia. Todo esto sucedía mientras los países iban cerrando sus espacios aéreos. En todos los trayectos me encontré
los aeropuertos y los aviones prácticamente vacíos. Pero salvo la dificultad de encontrar ruta de vuelta, fue todo muy tranquilo y no hubo mayor problema.
Volvamos a Kenia, ¿dónde te alojabas allí?
Me alojaba en una casa junto con los otros compañeros de la Global Snakebite Initiative y teníamos todas las comodidades. Estaba al lado del océano Índico y hacía un poco
de calor, pero teníamos una piscina para refrescarnos.
En Kenia también decretaron el estado de emergencia; de hecho, teníamos que dar un
curso a los médicos locales sobre cómo identificar las mordeduras de las distintas serpientes y las diferentes reacciones tóxicas que se tuvo que cancelar. Pero allí las medidas han sido mucho más laxas. Se ve menos gente por la calle. Cuando vas al supermercado la gente lleva mascarillas y han puesto dispensadores de gel hidroalcohólico, pero
estaban bien abastecidos. Más bien se han tomado medidas de distanciamiento social.
¿Cómo ha afectado esta situación a tu trabajo?
Allí siguen trabajando, no tienen confinamiento. Yo aquí tenía un proyecto con
la OMS de caracterización de venenos
que requiere el uso de animales de laboratorio y ahora mismo no puedo hacer
experimentos en el IBV. Lo que fuimos a
hacer a Kenia no se ha visto afectado.
Todo formaba parte de un proyecto que
hemos solicitado a la Wellcome Trust
para empezar en septiembre. Lo que
hacía en Kenia era recopilar el material
que necesitaba, y está ahora mismo en
mi nevera. De hecho, pensé que los problemas que podría tener a mi vuelta vendrían por los antivenenos que llevaba en
mi equipaje de mano. Son muchos botecitos diferentes que pasaron por todos
los controles sin ningún problema.
¿Necesitas algún permiso especial
para el transporte de ese material?
En principio no, porque no es tóxico, a
menos que se lo inyectes a alguien deliberadamente. Son proteínas. Yo siempre
he llevado los venenos en la maleta. Es
verdad que en Londres me registraron la
maleta, pero les preocupaba más las jeringuillas de insulina que llevaba.
¿Contactaste con la Embajada española en algún momento? ¿Recibiste ayuda durante la vuelta?
Me las arreglé yo sólo en todo momento. Los billetes de vuelta me los he tenido que
pagar de mi bolsillo. Ya he reclamado el importe del billete que perdí, pero como lo
solicité a través de la agencia de viajes que tiene el acuerdo con el CSIC, no sé cuándo
recuperaré mi dinero. Sí que llamé a la Embajada el día 23 para darles cuenta de mi
situación, y me dijeron que intentase regresar a España como pudiera.
¿Qué día llegaste a España?
Salí de Kenia el 24 por la tarde y el día 25 a mediodía estaba aterrizando en Valencia.
¿Tienes previsto volver pronto a Kenia?
Sí, tengo previsto un workshop allí en octubre. Y hasta entonces seguimos colaborando
con la gente de allí a distancia en los distintos proyectos.
¿En qué estás trabajando estos días en casa?
Siempre hay trabajo atrasado. De momento ya he enviado cuatro manuscritos a revistas que tenía pendiente. El confinamiento me está resultando bastante productivo dentro de la improductividad de estar en casa lejos de mi laboratorio. Piensa que Newton
tuvo que confinarse en su casa durante tres años durante un brote de peste y allí desarrolló toda la teoría de la gravedad y el cálculo diferencial. El confinamiento no tiene
por qué ser una pérdida de tiempo. Saldremos de aquí tarde o temprano, pero el
tiempo no lo estoy perdiendo.
Muchas gracias Juanjo. No sé si hay algo más que quieras destacar.
Sí. Creo que saldremos de esta pandemia, y que se hablará de ella durante décadas.
Pero yo espero que esto no sea el monotema en los próximos años. Hay otros proyectos que también están enfocados a salvar vidas que no deben obviarse. El envenenamiento ofídico no corre el peligro de convertirse en pandemia, pero afecta a muchísima gente también. Por darte un ejemplo, en la India, según datos hospitalarios, por loque la cifra real puede ser mayor, se habla de entre cuarenta mil y cincuenta mil muertos al año por envenenamiento de serpiente. Y la morbilidad de la patología en los que
sobreviven es casi peor debido a las amputaciones. La mayoría de los casos se dan en
gente joven que trabaja en el campo, y la familia de esas personas queda condenada a la
miseria en la mayoría de las ocasiones. Por lo tanto, la cifra de afectados es mucho
mayor. La OMS calcula que mueren al año en todo el mundo entre ochenta y cinco mil
y ciento cuarenta y cinco mil personas por veneno de serpiente, además de los cuatrocientos o seiscientos mil lisiados por esta causa. Y esto es cada año, no durante un
brote puntual. Por eso digo que hay vida después de la COVID-19, pero existen más
males además de la COVID-19.

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