El Instituto de Neurociencias, centro mixto del Consejo Superior de Investigaciones
Científicas (CSIC) y la Universidad Miguel Hernández, ha participado de la mano de Juan
Lerma, profesor de investigación del centro, en el simposio Circuitos y mecanismos del
comportamiento emocional, que ha tenido lugar en el marco del XVIII Congreso de la
Sociedad Española de Neurociencia, celebrado del 4 al 6 de septiembre en Santiago de
Compostela y en el que se han dado cita unos 600 neurocientíficos.
Lerma ha comunicado en este encuentro científico los resultados de una investigación,
aún sin publicar, llevada a cabo por su grupo de trabajo que ha permitido identificar un
mecanismo responsable de que las personas con síndrome de Down tengan problemas
de memoria espacial (orientación).
En el simposio que ha abordado los caminos cerebrales que llevan desde las emociones
al comportamiento, y que se ha impartido hoy viernes, también han participado José
Antonio Esteban García, investigador del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa
(CBMSO, CSIC-UAM); Camilla Bellone, profesora de la Universidad de Génova (Italia),
que ha hablado del papel del sistema de recompensa en trastornos que cursan con
déficit del comportamiento social, como el autismo. Además, también ha intervenido
Gaia Novarino, investigadora del Instituto de Ciencia y Tecnología de Austria, que ha
tratado de los mecanismos moleculares de la citada patología.
“Hemos visto en modelos de ratón para el síndrome de Down que hay un problema de
desequilibrio entre excitación e inhibición de determinados circuitos neuronales. Y este
desequilibrio depende de la dosis de un gen denominado Grik1. Si se normaliza la dosis de este gen en un ratón transgénico, los problemas de memoria espacial desaparecen.
La normalización de la capacidad de orientación se correlaciona con una recuperación
del déficit excitación/inhibición en la comunicación entre las neuronas en el hipocampo,
una estructura del cerebro relacionada con la memoria y la orientación. Los cambios que
producen ese desequilibrio son tan pequeños que a lo largo de los años de estudio sobre
el síndrome de Down han pasado desapercibidos”, explica Juan Lerma.
El año pasado, el grupo de Lerma, del Instituto de Neurociencias, ya demostró cómo
cambios mínimos en la intensidad de la transmisión sináptica provocan modificaciones
importantes en el comportamiento, que se manifiestan de forma distinta en función de
la estructura del cerebro que se ve afectada. “Estos cambios de comportamiento,
cuando tienen lugar en la amígdala se relacionan con el procesamiento emocional y
pueden alterar las respuestas de miedo o ansiedad. Y si se producen en la corteza
prefrontal puede dar lugar a problemas en las relaciones personales o a un aumento de
la agresividad”, detalla el profesor Lerma. Y hora el nuevo estudio ha demostrado que
un desequilibrio similar en el hipocampo da lugar a alteraciones relacionadas con la
memoria espacial, que se traducen en los fallos de orientación que padecen las personas
con síndrome de Down.
Para mantener una función cerebral adecuada es necesaria una buena regulación de la
comunicación entre las neuronas. Esta comunicación puede ser excitatoria o inhibitoria,
que serían el equivalente al acelerador y el freno, respectivamente, del sistema
nervioso. La liberación de las dosis adecuadas de neurotransmisores de uno u otro tipo
en los puntos de contacto entre las neuronas, denominados sinapsis, hace posible que
los circuitos neuronales funcionen adecuadamente. Cuando ese equilibrio se rompe,
aparecen patologías aparentemente tan diferentes como ansiedad, depresión,
esquizofrenia, trastorno bipolar o del espectro autista.

 

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