Mural de Paula Bonet que presideix l'entrada a l'I2SysBio.
¿Cómo se está adaptando el I2SysBio a la situación actual?
Desde que comenzó el estado de alarma hemos seguido las indicaciones que nos ha
dado el CSIC y la Universitat de València. Lo primero que hicimos fue reducir la actividad presencial en el instituto al máximo. Sólo estamos manteniendo los servicios esenciales, que fundamentalmente se emplean en mantener las colecciones vivas que tenemos de plantas, células, virus e insectos. Ese mantenimiento es necesario para que podamos retomar los experimentos cuando se pueda.
Tenemos una presencia administrativa mínima, y luego además está el mantenimiento
del edificio que depende de la Universitat de València. Estamos otorgando unos 14 ó
15 permisos de movilidad para acudir al centro diarios, lo que indica que ahora mismo
hay muy pocas personas trabajando allí. Llevamos un registro de todas las personas que
entran y salen tal y como nos lo han pedido la Universidad y la Conselleria. Casi todos
los trabajos se están haciendo a distancia. Los estudiantes ya no están trabajando tampoco. Y la poca actividad investigadora que continúa está relacionada con el COVID-19.
También hemos parado todas las líneas de investigación, ya que el mensaje que se nos
ha transmitido desde el CSIC y la Universidad era que nos limitásemos a las actividades
esenciales.
¿Cuáles son las mayores dificultades que estáis encontrando?
Ahora mismo nos está costando encontrar suministros de EPIs pensando en el retorno
a la actividad laboral. Todos los que teníamos los donamos al Hospital Clínico al principio de la crisis. También nos está costando conseguir gel hidroalcohólico. Todo lo
que tiene que ver con suministro de material para poder volver a trabajar.
Tampoco fue fácil convencer a los investigadores de que había que parar toda la actividad, pero la gente lo entendió bien. Al principio fuimos más permisivos para que la
gente pudiera cerrar su trabajo aceptablemente. Ahora mismo está todo cerrado.
Además, tenemos que justificar los permisos que damos.
Con el teletrabajo estamos funcionando muy bien. Utilizamos mucho la videoconferencia y el chat del CSIC. Como más de la mitad de los científicos del centro trabajan en
investigaciones que se pueden relacionar con el COVID-19, estamos muy pendientes
de ese chat. Yo creo que ahora mismo debo estar pasando 14 horas al día delante del
ordenador teletrabajando.
¿Cómo está contribuyendo el I2SysBio a la lucha contra el COVID-19?
Hemos pedido unos doce proyectos a la convocatoria del Instituto de Salud Carlos III,
por la vía del CSIC y de la Universidad. También hemos presentado proyectos a la
convocatoria de la AVI. Además, participamos en la convocatoria de La Caixa, aunque
esos son más orientados a transferencia; y ahora nos estamos presentando también a
la convocatoria del Santander. Y estamos trabajando en proyectos con nuestro socio
Biopolis ADM.
Uno de los proyectos lo estamos desarrollando con varios centros del CSIC: el Centro de Investigaciones Biológicas, el Instituto de Química Médica y con el Instituto de
Biomedicina de Valencia, y es un proyecto para encontrar sustancias antivirales. Ese
mismo proyecto nos lo han financiado también por parte de la AVI para detectar anticuerpos bloqueantes. Se trata de un virus quimérico que hemos diseñado, y que estamos estudiando su aplicación para diseñar una vacuna. En gran medida nuestros tigadores son virólogos, y llevamos trabajando con virus humanos mucho tiempo, con
lo cual la adaptación a trabajar con el COVID-19 ha sido relativamente fácil de hacer.
También tenemos una línea de epidemiología que ha sido financiada a través del CSIC y
que dirige Iñaki Comas del IBV, en la que vamos a rastrear los virus del COVID-19 y a
estudiar cómo ha sido su propagación en España. Con el IATA estamos trabajando un
proyecto para la detección de restos de COVID-19 en aguas residuales.
Además, estamos solicitando proyectos también para el diagnóstico del COVID-19.
Estos son proyectos que tienen una capacidad de transferencia muy grande, y ya estamos hablando con empresas, así que no te puedo contar mucho más.
Y, por último, estamos trabajando con nuestros socios de Biopolis para desarrollar
probióticos vacunales contra COVID-19.
Investigamos en la parte clínica, epidemiológica, medioambiental y de diagnóstico, así
que tenemos mucho trabajo.
Me gustaría destacar que estamos en muy buena sintonía con otros centros del CSIC,
sobre todo el IATA y el IBV, y estamos haciendo cosas muy interesantes juntos.
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