El Instituto de Biología Molecular y Celular de Plantas (IBMCP), centro mixto del
Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y la Universitat Politècnica de
València, participa en el proyecto europeo “TomGEM”, que comenzó su andadura el 1
de marzo de 2016. Dentro del proyecto, el grupo de investigación en Genómica y
Biotecnología de Plantas del IBMCP, que dirige el profesor de investigación del CSIC
Antonio Granell, se encargará de investigar cuáles son los genes que permiten al
tomate resistir en zonas con altas temperaturas.
Las frutas y las verduras son componentes
esenciales de una dieta sana y forman parte de
nuestra comida diaria. Por ejemplo, frutas como el
tomate, la naranja o las cerezas constituyen una
importante fuente de vitaminas, minerales, fibra y
antioxidantes. Sin embargo, frente a la rápida
evolución de unas condiciones climáticas cada vez
más extremas, debemos diseñar nuevas estrategias
destinadas a mantener el rendimiento de los
cultivos de frutas y verduras producidos en unas condiciones ambientales sin
precedentes. Por lo tanto, uno de los objetivos más importantes para un agricultor es
seleccionar aquellas variedades con una mejor aptitud a condiciones adversas y, así,
limitar el impacto ambiental en la producción agrícola y la calidad mediante la
optimización de los genotipos y las prácticas de horticultura. El proyecto “TomGEM”
pretende diseñar nuevas estrategias para mantener el alto rendimiento en los cultivos
de frutas y verduras producidos en condiciones de temperatura extremas, empleando
el tomate como fruto de referencia.
Financiado por la Unión Europea con un presupuesto total de 5,6 millones de euros
para los próximos 4 años, “TomGEM” tendrá en cuenta todos los procesos de
desarrollo que contribuyen a producir e implementar enfoques multidisciplinares para investigar el impacto de las altas temperaturas en estos cultivos. "La producción de los
cultivos de fruta viene determinada por la interacción de factores genéticos y
ambientales, así como por las prácticas de gestión hortícolas. Una mejor comprensión
de estos factores nos debería permitir desarrollar estrategias para el manejo de las
interacciones entre ellos y, por lo tanto, ofrecer soluciones para afrontar el reto de
incrementar la calidad y la productividad de los cultivos ante el calentamiento global",
explica el profesor Mondher Bouzayen del Institut National Polytechnique de Toulouse
y coordinador del proyecto “TomGEM”.
Antonio Granell, del CSIC, añade que “nuestro grupo de investigación del IBMCP
planea analizar una gran colección de germoplasma procedente de regiones cálidas
donde algunas especies de tomate consiguen sobrevivir, para así identificar nuevas
fuentes de tolerancia a las altas temperaturas. Emplearemos técnicas de genómica y
genética para estudiar qué componentes permiten producir frutos en condiciones de
alta temperatura y, específicamente, cómo podemos producir polen viable, uno de los
principales problemas a la hora de cultivar en condiciones extremas. Para ello,
esperamos identificar los genes implicados en este proceso y, eventualmente,
utilizarlos para aumentar la tolerancia al calor del tomate. Entre las ventajas de
trabajar con la planta del tomate contamos con la disponibilidad de grandes recursos
genéticos de variedades de tomate, tanto silvestres como empleadas para el consumo,
que están adaptadas para crecer en condiciones de sequía y temperaturas extremas, el
amplio conocimiento que poseemos acerca de la genética y los mecanismos
moleculares de respuesta al estrés del tomate, y la disponibilidad de un genoma de
referencia, así como una gran comunidad científica de grupos de investigación que
trabajan con esta planta".
El consorcio de investigación del proyecto “TomGEM” está formado por 18
instituciones asociadas de Europa, Argentina y Taiwán. Entre todos se ocuparán de
extraer una amplia selección de recursos genéticos para identificar los genotipos que
presenten una mayor resistencia ante condiciones de estrés térmico, y de descubrir los
genes que controlan el proceso de floración, la fertilidad del polen y la maduración de
los frutos. El objetivo final del proyecto es diseñar estrategias para introducir estos
genes en un único genotipo de tomate que pueda emplearse para el cultivo. Sin
embargo, las condiciones de producción de alto rendimiento y las altas temperaturas
pueden afectar a la calidad del tomate, por lo que el proyecto “TomGEM” también
contempla el problema de la calidad de la fruta, con el fin de desarrollar estrategias
innovadoras de gestión de los cultivos que permitan a los productores desarrollar
variedades de consumo que garanticen la calidad del producto en condiciones de alta
productividad, con estrés térmico y en un amplio abanico de condiciones geográficas.
Los otros socios españoles del proyecto “TomGEM” son la Fundación Cajamar y Enza
Zaden España S.L.

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