La bioquímica Margarita Salas (Canero, Asturias, 1938), una de las mayores científicas
españolas del siglo XX, falleció ayer en Madrid a los 80 años. Investigadora del CSIC en
el Centro de Biología Molecular Severo Ochoa (Madrid), Salas seguía trabajando en su
laboratorio.
"No concibo la vida sin investigación”, señaló Salas al recoger el pasado junio en Viena
el Premio Inventor Europeo concedido por la Oficina Europea de Patentes y Marcas.
Entre los logros de su carrera, Salas cuenta con el descubrimiento de la ADN polimerasa
del virus bacteriófago phi29, que tiene una aplicación crucial en biotecnología: permite
amplificar el ADN de manera sencilla, rápida y fiable. Por ello, se usa en medicina
forense, oncología y arqueología, entre otras áreas. Esta tecnología ha sido además la
patente más rentable del CSIC.
“Esta polimerasa se usa en todo el mundo y se aplica en análisis genético, forense y
paleontológico, entre otros”, enumeró Salas, tras recoger el premio. “Cuando uno tiene
cantidades pequeñas de ADN, como un pelo hallado en un crimen o unos restos
arqueológicos, esta ADN polimerasa amplifica millones de veces el ADN para poder ser
analizado, secuenciado y estudiado”, añadió.
La patente del método de la ADN polimerasa phi29 sigue siendo la más rentable que ha
presentado el CSIC: entre 2003 y 2009 representó más de la mitad de los derechos de
autor del organismo, devolviendo millones de euros en inversión a la investigación
financiada con fondos públicos, según datos de la Vicepresidencia Adjunta de
Transferencia del Conocimiento (VATC) del CSIC.
Una vida dedicada a la investigación
Salas se doctoró en bioquímica en 1963 por la Universidad Complutense de Madrid y
posteriormente trabajó durante tres años con el Premio Nobel de bioquímica Severo
Ochoa en la Universidad de Nueva York. Más tarde regresó a España y fundó el primer
grupo de investigación en genética molecular del país en 1967, en el CSIC.
En este organismo descubrió que el virus phi29 tenía una enzima, la phi29 ADN
polimerasa, que ensamblaba moléculas de ADN mucho más rápido y con mucha más
precisión. Salas aisló la enzima y demostró que funcionaba en las células humanas,
marcando el comienzo de aplicaciones innovadoras para las pruebas de ADN. Esta
técnica permite a los oncólogos ampliar pequeñas poblaciones de células que podrían
dar lugar a tumores.
Salas siempre reivindicó el valor de la búsqueda de conocimiento. “Lo importante es
hacer investigación básica de calidad, y de esta pueden salir resultados aplicables que
no son previsibles a primera vista. Y sin embargo salen y pueden ser rentables”, afirmaba
Salas.
A lo largo de su carrera, Margarita Salas recibió numerosos premios internacionales y
nacionales, entre los que se encuentran la Medalla Mendel, el Premio Rey Jaime I, el
Premio Nacional Ramón y Cajal, el Premio L’Oreal UNESCO y la Medalla Echegaray. Salas
fue además miembro de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos y miembro
de la Real Academia Española, donde ocupó el sillón i.

 

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