Principales cerámicas analizadas en los experimentos y mapa de densidades de las fijaciones visuales en cada uno de ellos. Las imágenes están organizadas, de izquierda a derecha,

Un estudio realizado por investigadores del Instituto de Neurociencias, centro mixto del
Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y la Universidad Miguel
Hernández, en colaboración con el Instituto de Ciencias del Patrimonio y la Universidad
de Santiago de Compostela, ha analizado mediante técnicas de seguimiento ocular los
procesos de atención selectiva que determinan la manera en la que exploramos e
interactuamos con nuestro entorno. Para ello, los investigadores han estudiado el
recorrido que realizan los ojos al observar diferentes patrones decorativos
representados en objetos cerámicos prehistóricos. Los resultados, publicados en la
revista Scientific Reports, indican que existe una evolución paralela entre el proceso
cognitivo, el desarrollo material y la complejidad social.
Los investigadores han examinado la respuesta visual de 113 individuos al observar
piezas cerámicas prehistóricas pertenecientes a diferentes estilos y sociedades. Las
cerámicas analizadas cubren 4.000 años de la prehistoria de Galicia (del 4.000 a.C. al
cambio de era) y son representativas de estilos cerámicos, como la cerámica
campaniforme, presente en regiones mucho más amplias. Los resultados indican que el
comportamiento visual muestra las mismas tendencias evolutivas que las sociedades
complejas que construyeron estos escenarios arqueológicos.
“Planteamos la posibilidad de que la vida cultural y social influya en el proceso cognitivo.
Los movimientos oculares son la prueba más objetiva de que existe una evolución paralela entre el proceso cognitivo, el desarrollo material y los cambios en la
complejidad social”, explica Felipe Criado-Boado, el investigador del CSIC en el Instituto
de Ciencias del Patrimonio, ubicado en Santiago de Compostela. Este trabajo se engloba
dentro de un nuevo campo científico: la neuroarqueología; una disciplina que combina
la neurociencia con la paleontología humana, la arqueología y otras ciencias sociales y
humanas.
“La prominencia visual de cada estilo cerámico produce una respuesta visual distinta. La
cerámica prehistórica comprende una parte importante del mundo material que
rodeaba a los individuos de esa época. Por eso un análisis de este tipo no es únicamente
factible, sino que aporta resultados muy significativos”, añade el investigador del CSIC.
Luis Martínez-Otero, investigador del Instituto de Neurociencias, explica que “en
nuestro cerebro existen circuitos neuronales, o mapas, que representan nuestro espacio
personal y peripersonal. Estos circuitos determinan la manera en que nos relacionamos
socialmente y también con el mundo que nos rodea. Con este tipo de experimentos,
estamos demostrando que estas representaciones se ven alteradas por el uso y diseño
de herramientas y otros artefactos culturales; lo que estamos descubriendo es que se
incorporan de manera muy rápida a estos mapas neuronales pasando a formar parte de
nuestro esquema corporal como si de una extensión del mismo se tratase. Estos
experimentos demuestran inequívocamente que existe una interacción muy estrecha
entre cambios culturales y plasticidad cerebral, lo que proporciona una nueva
perspectiva sobre cómo el cerebro permite la transmisión de valores culturales,
creencias y costumbres”.
Los resultados de este estudio apuntan a que el sistema de reconocimiento visual
humano interioriza de forma muy activa el objeto que observa, lo que demostraría que
existe un acoplamiento perceptual entre los observadores y las estructuras materiales
de su entorno. “Por ello la percepción no puede separarse de la forma. Desde esta
perspectiva puede postularse que la forma de los objetos (la cerámica en este caso) y el
patrón de exploración visual que producen han cambiado a lo largo de la historia, y están
conectadas con el comportamiento cognitivo de la misma forma que lo están con el
ámbito social, incluida la complejidad social”, continúa Criado.
Otra de las conclusiones de este trabajo es que la tecnología es un factor importante en
los aspectos mentales de la vida de los humanos. Esto ofrece una nueva perspectiva que
ayuda a comprender los procesos de innovación y cambio tecnológico que se producen
en todas las épocas históricas, incluidas aquellas en las que aún estamos inmersos. “Se
cree que en 2020 habrá 100.000 millones de sensores por todo el mundo captando
información de todo tipo y procesándola digitalmente, todos conectados entre sí y
funcionando como un gran cerebro humano. Si se cumple esta previsión, la investigación
en el campo de los procesos cognitivos y la cultura material a lo largo de la historia puede
ser de utilidad en el futuro, de manera que pueda mostrar la forma en que los humanos
confían en las imágenes que les ayuden a formar un imaginario colectivo”, concluye el
investigador.
Felipe Criado-Boado, Diego Alonso-Pablos, Manuel J. Blanco, Yolanda Porto, Anxo Rodríguez-Paz, Elena
Cabrejas, Elena del Barrio-Álvarez, and Luis M. Martínez. Coevolution of visual behaviour, the
material world and social complexity, depicted by the eye-tracking of archaeological objects in
humans. Scientific Reports. DOI: www.nature.com/articles/s41598-019-39661-w

 

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